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094 - "Dépêche" de abril de 2012

Osteopatía y Ley de Wolff
Créé le : Viernes 3 de octubre de 2014 por Frédéric Sebbah, Juliette Linck

Dernière modificaton le : Viernes 8 de diciembre de 2017

La ley de Wolff (cirujano alemán 1836-1902) es un concepto clásico de la cirugía ortopédica que se enuncia como sigue :

  1. El hueso se forma y se resorbe con arreglo a las limitaciones mecánicas que sufre.
  2. Su resistencia varía con arreglo a la dirección en la cual se aplica la carga.
  3. El hueso es más frágil en tensión que en compresión.
  4. La actividad muscular modifica las limitaciones soportadas por los huesos in vivo.
  5. La aplicación de esta ley en ortopedia se traduce por ejemplo en la elección del tipo de osteosíntesis.

Esta ley, enunciada hace mucho tiempo, inicialmente se basaba en la observación en terreno, pero encontró su justificación en investigación básica por el estudio del fenómeno de mecanotransducción ósea, es decir la transformación de una señal mecánica en una señal química, al nivel celular.

Este proceso es inducido por la presión mecánica sobre el hueso (que genera por otro lado un efecto piezoeléctrico y pues un campo electromagnético), lo que activa los osteocitos mecanosensores, modifica el reparto del fluido intersticial y que provoca desde ahí una modificación de las características morfológicas de las células óseas (adhesión – rigidez - motilidad), una modificación del citoesqueleto y pues de la tensegridad celular.

A la escala macroscópica estas reorganizaciones permanentes se traducen por la remodelación ósea (producción y resorción del hueso), proceso fisiológico muy intenso en fase de crecimiento pero que se prosigue a la edad adulta y que determina la forma, la talla y la calidad del hueso.

Esta presión mecánica macroscópica está relacionada esencialmente a la actividad muscular y varia en el tiempo según el grupo muscular y la actividad física.

Las alteraciones de esta remodelación, relacionadas a limitaciones mecánicas inadecuadas se traducen por anomalías del crecimiento, cuyos ejemplos más clásicamente encontrados son los de displasias osteoarticulares.

En osteopatía los músculos son incluidos más generalmente en lo que se llama la fascia, en una acepción mucho más ancha que en anatomía clásica. (Incluyendo así, además de los músculos, los ligamentos, los tendones, aponeurosis y tejidos conjuntivos, incluso el periostio del hueso, en lo que toca al sistema musculoesquelético).

La fascia es una de los componentes esenciales del sistema de tensegridad, modelo general de estudio del organismo vivo en osteopatía, y ya está verificado al nivel celular. (Sistema de tensegridad = sistema en estado de autoequilibrio estable, comprendiendo un conjunto discontinuo de componentes comprimidos dentro de un continuo de componentes tensos).

La fascia (sentido amplio) es un sistema en tensión (tipo "obenque") completado por los elementos en compresión que son los huesos (ellos mismos constituidos como sistemas de tensegridad).

Estos diferentes conceptos, que se construyeron en el curso del tiempo y a partir de comptencias a priori diferentes se reúnen así, gracias a la investigación en física fundamental y su aplicación en biofísica.

Muestran la importancia de la biomecánica general, del estudio de los sistemas de limitación en todas las dimensiones del espacio y del tiempo, inmediato (movimiento) o sobre la vida útil del animal.

La osteopatía permite trabajar en estas limitaciones cuyas fuerzas resultantes se constituyen en sistemas de hélices de la fascia, q sea al nivel tronculario, medular o apendicular (recobramos particularmente en las razas condrodistróficas este modelo, que da forma a los segmentos óseos de los miembros).

Trabajando en este fascia, en sus tensiones y sus zonas de adherencia, podemos influir sobre el modo en el que las fuerzas van a aplicarse sobre la estructura ósea.
Podemos pues influir sobre la biomecánica del cuerpo, aliviar las zonas en sufrimiento y limitar las anomalías de la reorganización ósea.

La osteopatía es pues una opción esencial para permitir un crecimiento armonioso, en asociación con una alimentación y una higiene de vida adaptadas a las necesidades del organismo.

Entonces, hay que integrarlo sistemáticamente y precozmente en el seguimiento de animal joven, para detectar y curar las disfunciones antes de que sus impactos ya hubieran endeudado de modo importante el futuro del paciente.



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